
23-04-2009. Federico Fernández Reigosa
1. Mario: Vos sos el alma mater de una Fundación nacida bien lejos, en Holanda, para contribuir a asistir a chicos en riesgo social en Rosario. ¿Nos podrías contar cómo nació esta iniciativa?
En realidad la iniciativa nació en Rosario, en diciembre del 2002. Yo estaba viviendo en Holanda desde el año anterior, y luego de la debacle noté en la gente ganas de movilizarse. Junto a un grupo de amigos, todos jugadores de hockey (en mi caso, ex-jugador), realizamos una clínica en el club Gimnasia y Esgrima. Aprovechando esa energía que había en la sociedad hicimos el evento a beneficio de un comedor escolar, el de la escuela “Abanderado Grandoli”, cercana a los barrios La Lata y Moreno. Así fue cómo los chicos que participaron de la clínica donaron alimentos no perecederos y logramos transmitir un mensaje muy fuerte de solidaridad y compromiso. El día que fuimos a llevar los 300 kilos de alimentos a la escuela, la reacción de las autoridades, docentes, empleadas y los mismos chicos fue tan emocionante que nos miramos todos y dijimos: “Podemos hacer mucho mas que esto”. Y lo tomamos como una responsabilidad.
Como buenos deportistas y acostumbrados a ir mas allá de los propios limites no dudamos demasiado y nos pusimos a trabajar en un sueño, que era ayudar a los chicos en situación de riesgo con programas de desarrollo sustentable. No queríamos asistirlos únicamente con un plato de comida, un programa aislado. Queríamos darles las herramientas para que tuvieran las mismas oportunidades y pudieran construir su propio futuro. No era fácil de todas maneras, no teníamos un capital inicial, no teníamos personería jurídica, ni éramos expertos en temas sociales. Pero algo había cambiado para siempre dentro de nosotros y ya no íbamos - ni queríamos -, volver atrás. Teníamos El Desafío por delante.
2.
¿Cómo se sostiene en los aspectos económicos y organizativos El Desafío?
Nosotros nos financiamos mediante aportes de empresas, fondos de caridad, donantes privadosy eventos propios que
organizamos tanto en Holanda como en Argentina. La fundación tiene personería jurídica en los dos
países: pensamos que era una idea muy innovadora tener un pie en cada lugar, que nos permitiera crecer y ser
sustentables. Hoy por hoy tenemos ocho profesionales trabajando directamente con los chicos, que reciben sus honorarios como
corresponde por trabajo que requiere tanta dedicación y responsabilidad. Ellos son los únicos remunerados de la
organización. Luego tenemos un staff permanente que trabaja en administración, promoción, relaciones
publicas, institucionales, etc., que son todos voluntarios, en ambos países, unos veinte... Y luego tenemos nuestros
voluntarios para eventos y temas puntuales, que ascienden a unos ciento cincuenta.
Todos los programas de la
organización son desarrollados en Rosario en conjunto con la comunidad, la escuela y otros actores. En Holanda lo
único que hacemos es recaudar fondos y trabajar en la difusión y promoción de la causa.
3) ¿Tiene la Fundación algún vínculo con organismos estatales
en Argentina?
No. Por temas de transparencia, tenemos como regla no recibir donaciones o subsidios de instituciones gubernamentales argentinas. No estamos relacionados con ningún partido político o religión. Somos un grupo de personas de clase media, común y corriente, muy comprometidos con un principio de excelencia en todo lo que hacemos y convencidos que el cambio empieza por uno. En el futuro no descartamos compartir experiencias, programas y hasta trabajar en conjunto con algún organismo estatal si se da la oportunidad y si tenemos objetivos comunes.
4) Desde que estás en el extranjero, ¿cómo percibís la situación social en nuestro país?
Si bien siempre estuve al tanto de la situación y fui de comprometerme con distintas causas, cuando empecé a vivir afuera tuve la oportunidad de tener una visión mas objetiva y global. Muchas veces sólo vemos situaciones aisladas y vemos todo en chiquito, y esta perspectiva no sirve. Holanda es un país muy chiquito, con poquísimos recursos. Sin embargo, la pobreza no existe directamente, y es porque el pueblo tiene un gran compromiso social, una visión de país, de un todo. Y lo mas notable es que un gran país no es tan difícil de hacer, sino haciendo las cosas simples y correctas.
Creo que la situación actual en Argentina es deplorable e inaceptable. Pero el mayor problema es que la gente en general, acepta la situación. Se ha acostumbrado a la pobreza, a la marginación, a la exclusión, la corrupción, la falta de valores y así termina aceptando la realidad y se resigna a no cambiarla. Cuántas veces escuchamos “las cosas siempre fueron así, no van a cambiar”, “nosotros no vamos a ver el cambio”, “tienen que pasar generaciones para que las cosas cambien”. El cambio empieza hoy, ahora, por uno. Todos nosotros, en nuestra vida cotidiana, en nuestras decisiones y en nuestro compromiso como sociedad. Ser argentino y salir al monumento a festejar porque ha ganado la selección no es ser patriota y no es 'llevar a la Argentina en el alma”. Es defenderla todo los días cuando vemos un acto de corrupción, cuando hay un chico sin comer, cuando hay millones viviendo en condiciones de marginación, pobreza, hacinamiento.
5) ¿ Pensás que tenemos un país solidario?
(risas) ¡Qué pregunta polémica! Todo un tema para debatir. “Solidaridad” dice el diccionario que es adherir circunstancialmente a la causa de otro. Si lo analizo así, veo que los argentinos ayudan en situaciones específicas y puntuales: una inundación, un terremoto. Juntan frazadas, alimentos, juguetes, lo que se necesite, y asisten. La pregunta que creo que habría que hacerse es si la solidaridad es la respuesta a nuestros problemas como país. A mi entender, no. No sirven para nada las acciones aisladas en problemas estructurales. ¿Cuánto influye en la vida de una familia viviendo en la pobreza, excluida y marginada, que juntemos frazadas y unas cuantas latas de conservas? Seguramente podrán comer por algunos días o hasta semanas, ¿y después?
Hay que ayudar a que la gente tenga planes de desarrollo, iguales oportunidades, educación, salud; y que puedan ellos mismos ser partícipes y protagonistas para resolver sus problemáticas.
La solidaridad es un concepto confuso, parte de la esencia que el problema no es propio. Eso habla de la poca visión que tenemos como país. Que un solo chico se muera de hambre en argentina, que viva en condiciones inhumanas, que no tenga futuro es un tema que todos deberíamos sentir como propio. Tenemos que reemplazar el término “solidaridad”, y empezar a hablar de “compromiso social”.
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